Por Leandro Vesco

Por pedido de Luciano Benetton, la Gendarmería Nacional desalojó por la fuerza a los miembros del Lof de Resistencia Cushamen. Las fuerzas federales tiraron con balas de goma y plomo a niños, ancianos y mujeres del Lof, detuvieron a diez mapuches y durante varias horas nadie supo su paradero. En las últimas horas liberaron a los últimos tres detenidos.

Hace años que el grupo Benetton viene reclamando las tierras que ocupan el Lof de Resistencia Cushamen, tierras ancestrales que pertenecen a la comunidad mapuche. Gendarmería entró por la fuerza a estas tierras, reprimió violentamente y detuvo a mapuches que se defendían con hondas frente a las balas de plomo. Para el gobierno de Chubut, la insurgencia mapuche demuestra que estos grupos son “terroristas” y como tal deben ser tratados.

La voz oficial nos relata que el Juez Federal Guido Otranto liberó a los tres últimos mapuches aunque fueron “consideraros coautores de los delitos de impedir el normal funcionamiento del servicio de transporte por tierra, en grado de tentativa, resistencia a la autoridad, lesiones y daño agravado. Se prevé para ellos una pena de tres meses a cinco años de prisión para los delitos por los que se procesó a los imputados”

“Se les impuso la obligación de fijar un domicilio en el que puedan recibir notificaciones judiciales, aportar un teléfono de contacto en el que puedan ser ubicados a los fines procesales que correspondan, comunicarse telefónicamente con el Juzgado Federal de Esquel cada treinta días para informar su paradero y avisar en caso de que varíen sus lugares de residencia”.

La Justicia no mide con la misma vara lo ocurrido en Cushamen. Con una clara intencionalidad de proteger la propiedad de Luciano Benetton y sus intereses, a los gendarmes que hirieron a Emilio Jones Huala que tiene tiene fractura de mandíbula y deberá ser operado, y los que le hicieron perder el habla a Fausto Jones Huala por recibir perdigones en la cabeza, a los que empujaron con palos a niños que arrastraron por el piso mientras intentaban proteger la ruca mayor (vivienda comunitaria) no fueron ni sumariados ni llamados: los verdaderos violentos seguramente fueron felicitados por humillar y golpear a los miembros de esta comunidad que vive en paz y armonía con la naturaleza, pero que tiene la desdichada suerte de estar en tierras que la política y la corrupción cedió al empresario textil italiano, que basa su marketing en difundir ideas falsas sobre supuesta inclusión de todas las razas.

Amnistia Internacional Argentina, emitió un comunicado donde relata lo sucedido en el Lof e insta al Estado a “rendir cuentas por el maltrato y abuso de la fuerza dirigido a hombres, mujeres y niños. Que las autoridades avancen en investigaciones exhaustivas e imparciales sobre los hechos de violencia perpetrados el 10 y 11 de enero, hagan públicos sus resultados y lleven a los responsables de violaciones a los derechos humanos ante la justicia; Que se adopten las medidas necesarias para garantizar la integridad física de la comunidad Cushamen del pueblo mapuche, con su plena participación. Que se brinde una solución de fondo al reclamo territorial de la comunidad Lof de Cushamen

Uno de los detenidos liberados relató al Diario “La Izquierda” cómo fue el momento exacto de la represión, lo que evidencia un accionar violento totalmente coordinado que no tuvo en cuenta ningún derecho humano. Nicolás Hernández Huala relata: “Les dijimos a la Gendarmería que no los íbamos a dejar pasar, se formaron en fila y empezaron a ingresar al territorio. Enseguida comenzaron los disparos y nosotros nos defendimos con piedras como nos defendemos nosotros. En ese momento nos hicieron retroceder como cincuenta metros. Tuvimos que empezar a correr. Yo me quedé atrás de un compañero, y me empezaron a correr a caballo, sentí un par de golpes en la cabeza, seguí corriendo y después me tropecé y ahí me agarraron. Cuando me caí, el caballo se me vino encima y empecé a sentir golpes por todos lados, y cuando quiero mirar estoy abajo del caballo, me levanto y empiezo a recibir golpes por la cabeza, por las piernas, por las costillas. Eran como tres o cuatro gendarmes, dos a caballos”

El relato de Huela es crudo y refleja la violencia con la que Gendarmería tenía órdenes de proceder, sin mediar ninguna consecuencia: “Cuando me ponen las esposas me empiezan a pisar la cabeza y a dar patadas en la cara. Y cuando me levantan, en el traslado hacia el móvil caminando en mi postura agachado, con las manos atrás esposado, me golpeaban la cara y las costillas con cachiporras. Cuando me suben a la Trafic me dejan dejan toda la mañana ahí adentro descalzo. Me trasladaron a Gendarmería En Esquel, atrás de la Unidad 14 hasta más o menos la siete. Ahí me dieron zapatillas y alimentos porque pasé todo el transcurso del día sin comer hasta las ocho de la noche más o menos”

La voz oficial quiso tergiversar los hechos, para el Estado chubutense los mapuches que tiraron piedras fueron los violentos “incluso hasta hirieron a un caballo”, se pudo oír en el relato oficial, dando muestra de un grado de cinismo y ridiculez manifiestas. Los números hablan por sí mismos: eran doscientos gendarmes armados contra un puñado de mapuches que no sobrepasaban las dos docenas, con hondas y piedras.

Los detenidos han vuelto al Lof, donde permanecen con las familias que resisten la avanzada de un Estado que desconoce los lazos ancestrales de esas tierras con esta comunidad, privilegiando el dinero y los lobbys. Una contradicción se vive en Chubut, la industria textil de la provincia se halla en una fuerte crisis, con fábricas que cierran y trabajadores despedidos. Las tierras que están en disputa son del grupo Benetton, uno de los mayores empresarios textiles del mundo, que saca su lana de aquí para abatecer sus factorías en Europa. Su presencia en Chubut no deja ni un sole beneficio para la provincia.

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