Mientras bebía el té bajo la paciente sombra de las moreras, la emperatriz china Xi Ling Shi descubrió en su taza un capullo blanco desprendiendo un extraño hilo. Como con cada suceso, corrió a contárselo a su esposo, Ho-Sang-Si, emperador chino por esos años. Sin saberlo, la noble dama había descubierto la manera más usual de desprender la seda del Bombix mori y hubo de agradecerle a la divinidad. Desde entonces, ese gusano fue un habitante más de su palacio; reunió a las mujeres para enseñarles cómo sumergiendo los capullos en agua tibia era posible obtener una tela delicada y resistente. Estaba inaugurando la industria del gusano de seda y una costumbre que hubo de sucederla: considerar su producción como un arte santo y sagrado, practicado sólo por la aristocracia.
Han pasado 4.600 años desde aquella tarde hasta estos días en que la producción de ese mismo gusano vuelve con fuerza desde el fondo de los tiempos, para seguir siendo esa deseada materia prima textil que pervive en las familias con un valor casi pictórico y ahora asoma como la fábrica sin chimeneas y a costo ecológico cero para los productores capaces de asumir el desafío de alimentar a la moda del mundo con la fibra estrella de la industria textil mundial: la seda.  
  
Están hechos una seda
Leonardo Horacio Walantus empezó su derrotero en la seda hace 11 años. En 2004 logró que la producción de gusanos, que funcionaba sólo como un tema de investigación en la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), de donde es profesor, encontrara su aprobación en el Consejo Directivo de esa casa de altos estudios. Lo denominó con el modesto “Proyecto Seda Misionera”. “Encontramos que en Tucumán, en La Pampa, en Córdoba, en Jujuy, había productores. Y decidimos juntarnos. Se hicieron unas jornadas en Realicó (La Pampa) en 2002, otras en Tucumán en 2003, y se propuso formar una red de trabajo nacional”, relata Walantus. Por entonces, salvo Tucumán con su Facultad de Zooctecnia, no había un desarrollo decidido. Misiones encabezó las terceras jornadas nacionales y logró formar un equipo de trabajo con la consigna de agruparse: el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), cinco universidades nacionales, textiles privados, y el apoyo de la Red Andina de la Seda (encabezada por Italia, que hoy la forman 10 países). “El intercambio nos permite ir creciendo. Colombia tiene una producción importante a pesar de que hace 15 años empezó en producción de sericicultura desde cero.”
La sericicultura tiene dos niveles, industrial y artesanal, determinado por la cantidad de productores. Pero la ausencia de una producción masiva de los pequeños frena la elaboración en grande de la industria. “Hasta que no haya un grupo numeroso de productores no vamos a poder pensar en materia prima en cantidad, porque la seda depende de pequeños productores. Brasil sorteó esta etapa y tiene un desarrollo muy importante en seda: es hoy el tercer productor mundial. La seda que conocemos como italiana es brasileña”, revela Walantus. Para alcanzar ese sueño, además de la labor conjunta, Walantus dice que se necesitará al menos de una década de formación de productores.

Misiones, la tierra de la seda.
En Misiones, el equipo de Walantus es el emergente de un lugar apto, tal vez el mejor del país para producir gusanos de seda que rindan en calidad. Humedad y temperatura ideales le dan sustento. “Tenemos la ventaja de tener hojas de mora todo el año. En otros lugares tiene hojas dos, cuatro o seis meses al año. En invierno tenemos variedades de hojas, por eso el productor misionero puede darse el lujo de criar gusanos todo el año. Al gusano le hacen muy bien el calor y la humedad, y acá en Misiones nos sobran ambos factores. Tenemos que aprovechar esta oportunidad”, dice la cabeza de la Planta Piloto de Sericicultura, donde lograron híbridos adaptados al clima misionero y hoy son el único centro de producción de huevos del país. En octubre de este año, mientras preparen los huevos para el ciclo 2012, organizarán las 12ª Jornadas de Producción de Seda.
No sólo el clima tiene a favor la provincia. Las chacras de 25 hectáreas favorecen la diversificación de producciones. “La seda requiere de muy poca tierra (una hectárea), un sistema de riego para las moreras, muy poca mano de obra y un galponcito seguro y ventilado para criar al gusano. Con el gusano queremos encontrar un alternativa al tabaco, tan arraigado culturalmente en nuestra gente, que esclaviza, enferma y condena a las personas a vivir mal”, dispara Walantus.
El gobierno provincial del reelegido mandatario, Maurice Closs, prometió apoyo. El 23 de junio, en el primer aniversario de la Planta Piloto de Sericicultura, llegó hasta el Parque Tecnológico de Misiones para visitar la producción de gusanos de seda. Anunció una línea de créditos de hasta 30 mil pesos, con un año de gracia, sin intereses, para poder producir gusanos. Pero la convicción de los investigadores misioneros es marcar la cancha sin influencias políticas. “No rehusamos a que nos acompañen, pero no dependemos de nadie; marcamos nuestra propia línea de trabajo.” Eso no equivale a decir que funcionen como una isla: articulan con el INTI, la Red Andina de la Seda, se capacitaron en Italia, Perú, Colombia, se unen con las otras universidades que trabajan el tema.  
Otra ventaja: no se comprara cómo crece la mora en Misiones a cómo se desarrolla en otros lugares. Aquí se desarrollan en un año lo que en otras tierras demoraría tres. En esta provincia tienen 12 variedades de moras con condiciones distintas: difieren en el rebrote, en la fruta, en la calidad nutritiva de la hoja. Y articulan su tarea con la biofábrica, una productora masiva de plantas en tubos de ensayo, una suerte de vitroplantas, a modo de plantines que podrían suplantar las estacas usadas en la actualidad. Mejoran los tiempos de enraizamiento y es ideal para mantener la densidad de plantas de una por metro cuadrado sin tantos costos.

Seda en el mundo.
Los indios y los chinos aún discuten sobre la patria potestad del gusano. Lo cierto es que la seda natural data del 3000 antes de Cristo, y algunos descubrimientos arqueológicos hicieron saber que los gusanos de seda eran domesticados hace 7.000 años. Desde la antigüedad, las leyes de los reinos productores de telas de seda castigaban con la tortura y la muerte a quienes divulgaran los secretos de la industria. Esa alta consideración, casi pictórica, hizo que la seda fuera esencial en los intercambios entre países.
Japón la conoció en el 600 antes de Cristo. Pero China ya tenía hilanderías sofisticadas durante los 400 años que duró la dinastía Han, hasta el 220 después de Cristo. Se erigió como productora a gran escala y, con ello, exportó, por mar y por tierra, a través de la Ruta de la Seda, recorriendo más de 12.000 kilómetros. En ese camino puso sus pasos el célebre Marco Polo, quien atravesó esa traza en el siglo XIII y demoró tres años y medio: cruzó Armenia, Persia, Afganistán y China para llevar hacia Occidente especias, pieles, alfombras y… seda. 
Pero desde Damasco la seda entró al Imperio Romano y a otros países occidentales, que empezaron a conocer a China con el nombre de “Seres”, que en griego significa “País de la Seda”. El caso más extraño ocurrió en el año 550 de nuestra era. Unos misioneros griegos llegaron a predicar el cristianismo a Persia, conocieron la crianza del gusano, se deslumbraron con la seda y decidieron llevarlo a su país: en el hueco de los bastones los monjes guardaron semillas de morera y huevos. De Grecia la sericicultura se extendió a los países de Asia y Africa del Norte. Europa supo del gusano a mitad del siglo VIII dC; España, gracias a los árabes (740 dC), Sicilia (1146 dC), Italia (principios de 1200) y Francia (en 1400). América le debe la seda a la colonización. En 1526, Cortés trajo el primer ganado ovino a la Nueva España, junto con la sericicultura. Plantó en México las primeras moreras. Y a comienzos del 1600 empezó la producción de seda en Estados Unidos.

Aprender.
La sericicultura precisa de mano de obra en todas sus etapas, desde el cultivo de las moreras, hasta el devanado, teñido y la fabricación de tejidos. La buena noticia: los trabajos realizados no precisan de mano de obra calificada. Además, no requiere de gran inversión inicial. La cuestión a resolver es la disponibilidad de tierra para soportar la carga de moreras con las que se alimenta el gusano. Es una producción de zonas rurales o suburbanas. La limitación está en las hojas de morera. Pero es una producción saludable, pues no genera productos contaminantes, ruidos, ni olores.
Walantus distingue entre productores según la región, porque el clima es una variable muy sensible en el gusano. “Lo primero que debe hacer el productor es entrenarse. Le damos un primer curso básico de dos jornadas y unos gusanos para entender su ciclo de vida, criarlos en condiciones controladas y familiarizarse con los capullos. El objetivo es llegar a capullos de calidad, no importa la cantidad.” Sabe que en los ensayos a pequeña escala el inversor-productor estará sembrando su futuro como abastecedor de seda. “Entre tres y seis meses lleva como mínimo entrar en ritmo productivo”, calcula. Mientras eso ocurre, las plantas de morera que hubo de sembrar apenas empezó el curso, van creciendo. “Es una capacitación completa; incluye la comercialización del producto, el desarrollo de la fibra, la confección de la prenda. No se le enseña sólo a alimentar al gusano”, dice. Instruyen, agrupan y están armando cuencas de productores en Misiones, supervisados por el mismo Walantus.
 
Mercado asegurado
Un artesano colombiano hace apliques para vestidos de novia y joyas en seda de gusanos. Una pareja trabaja en un departamento: compra capullos para hacer escarpines que vende a Estados Unidos y Europa. Un industrial comercializa pashminas a la India, con valores increíbles: una de pieza cuesta 1.400 dólares. En Quilmes compran capullos y devanan la fibra con una rueca para vender las madejas a 800 dólares el kilo. Muestras de que el mercado de la seda está activo y demanda seda que no existe -aún- en el mercado nacional. “El mercado es muy grande, desde Tierra del Fuego hasta La Quiaca y no hay producción de seda natural en la Argentina: se importa desde China, Brasil, Italia, Francia, a valor dólar. A las jornadas van privados a buscar productores de hilo o de, mínimamente, el capullo”, dice Walantus. Y es cierto. María Dubini, diseñadora de vestidos de novia hechos enteramente en seda natural, se ve obligada a pagar 100 dólares por metro de seda o a esperar un remate de sederías que bajan la persiana.

El gusano es ley
A pesar de que lleva 250 años en nuestro país, después de que el jesuita Ramón María de Termeyer la iniciara como industria, la producción de seda natural de origen animal tuvo vaivenes. Dos impulsores: Tomás Godoy Cruz, gobernador de Mendoza, y Domingo Faustino Sarmiento, en San Juan, trajeron huevos desde Chile en 1821, pero tres décadas después el gobierno le restó apoyo. En el siglo siguiente, por la necesidad de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, la seda de América se usaba para fabricar paracaídas.
En 1930 con la creación de la Comisión Nacional de Sericicultura y el Registro de Semilleros Sericícolas en los años 40, surgen cooperativas en Chaco, Mendoza y Santa Fe y se crea en 1942 un Registro Nacional de Fiscalización de huevos y la Dirección de Enseñanza Agrícola. La Universidad de Tucumán funda el primer laboratorio de Sericicultura. Pero las fibras sintéticas (nylon y rayón) más baratas en su producción, obligó al cierre -por falta de seda- del Centro de la Seda, en Jesús María y Colonia Caroya (Córdoba). En su primera presidencia, Juan Domingo Perón repartía los huevos en las escuelas. Pero recién en 1993 se reinicia en la Universidad Nacional de Tucumán, con el ingeniero Luis Pailhué, la cría del gusano. Detrás de ese puntapié, se suman dos casas de altos estudios, La Pampa y Misiones, además del Centro de Desarrollo Textil del INTI, el INTA, la UBA, la Red Andina de la Seda (formada por (Colombia, Ecuador, Argentina, Perú, Guatemala, Cuba, Venezuela, Bolivia y Paraguay), más la SecreTAría de Agricultura de la Nación, hoy Ministerio.  
A pesar de cierto olvido político en la producción de seda, en junio de 2003 fue promulgada la ley 25.747, que prevé la creación de estaciones sericícolas para estudiar la producción, propagar el cultivo de la morera, determinar las mejores variedades del gusano, promocionar la venta e industrialización de los capullos, y potenciar el cooperativismo de los productores. A eso apunta el trabajo de los misioneros, el empuje de los pampeanos, el sueño de los tucumanos, la seda de los jujeños. Les sobra argumentos como para pensar que no puedan tejer ellos una realidad, con la misma sapiencia con la que el gusano urde la preciada seda.